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¿Hipoacusia?

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Sí, así como lo leen: “Hipoacusia”, para los que no saben suena un poco raro; para mi y otros, no lo es… Hipoacusia es el término médico usado en las personas que sufren de una pérdida auditiva progresiva, su causa es diversa puede deberse a una infección, puede ser hereditaria, por una enfermedad agresiva que se haya sufrido durante la niñez, por escuchar música a todo volumen, por exposición a ruidos fuertes, etc.

La hipoacusia puede ser *neurosensorial (la que sufro yo), que es irreversible y *conductiva que es reversible.

¿Y por qué tengo hipoacusia? Nadie sabe, de verdad, el doc dice que se puede deber al sarampión que casi me mata cuando era una bebé, como también al agua del mar que me entraba al oído cuando la familia iba a disfrutar de las playas limeñas en verano o al rock que escuchaban a todo volumen mis tíos (Mi tía sobre todo). En fin, cuando tuve 9 años y medio de edad, una tía se dio cuenta que muchas veces no escuchaba cuando me llamaban, así que le dijo a mi mamá, mi mamá se lo hizo saber a mi papá y juntos acordaron llevarme al Hospital del Niño en Lima. Allí me hicieron unos exámenes auditivos y ya tenia una pérdida algo grave en el oído izquierdo y leve en oído derecho, me recomendaron audífonos en ambos oídos, pero por no tener una entrada financiera buena no me los pudieron comprar, aunque me siguieron haciendo más exámenes, incluso me llevaron donde un doctor por Chaclacayo, ciudad al este de Lima, quién le dijo a mis padres que me podía operar, pero había dos posibilidades: que recuperara la audición o que la perdiera completamente y sugirió que me lo preguntaran. Y me respuesta fue: ¿¿¿una operación??? ¿y puedo quedar escuchando bien o sin escuchar nadita? Huy no, gracias.

Y así fue que no me operaron, y tuve que lidiar con la escuela primaria y luego con la secundaria… es duro por que se burlan mucho y a uno le duele el propio amor… a una personita de 9.5 años de edad le es difícil comprender como es que perdió la audición por un sarampión cuando tuvo un año de edad, o por el agua de la playa, si cuando entra agua al oído nos enseñan a saltar con la cabeza de lado del oído afectado (o inundado, jajajaja) para que el agua sea expulsada, así que uno mismo no entiende el problema, imagínense los otros que escuchan bien.

La incomprensión de que era objeto, dolía más cuando eran mis propios padres los que no comprendían que no podía escuchar todo lo que decían, algún mandato que hacían o una conversación que mantenían, y de pronto uno de los dos gritaba algo hiriente y todo mi mundo, ese mundo mágico que tenemos los niños, se me derrumbaba.

Así que a la par que perdía más la audición por no tener audífonos, me fui creando un muro, visible solo para mi, contra la incomprensión; si alguien no me entendía lo estrellaba contra el muro y asunto arreglado. Cuando cumplí 10 había madurado más rápido que el resto de los niños y niñas de mi cuadra.

Empecé el 5 grado; yo estudiaba en la Escuela Nº 0034, de Vitarte. En Vitarte, LimaA los profesores se les decía mi “problema” y siempre me sentaban en los primeros puestos para entender mejor la clase. Aún con la hipoacusia en progreso era la que escribía más rápido en el aula cuando hacían dictados, con esa letra de borrachito que tenía y con algunos envidiosos que decían que escribía más rápido por que estaba cerquita de la profe… ahora que recuerdo me da tanta risa… en 5to grado comencé a literalmente a “devorar” libros.  Me gustaba ese nuevo mundo que acababa de conocer y todo por que una compañerita llamada Celia, se había memorizado un poema largo en 3 días y andaba muy oronda contando su hazaña y retándonos, así que un grupito chiquitico aceptó el reto de memorizarse el mismo poema en menos tiempo, y ahí estaba yo, en casa, mañana, tarde y noche repitiendo en voz alta: “a cocachos aprendí mi labor de colegial, en el colegio fiscal del barrio donde nací…” no gané el reto pero me quedó el  entusiasmo por seguir leyendo más.

Cuando llegó el 6to grado escuchaba menos que el año anterior y levantaba más la voz, yo era la que hablaba más fuerte y si “soplaba” durante algunos exámenes me bajaban puntos. Mis padres nunca dejaron que aprendiese lenguaje de señas ni me llevaron a escuela especial alguna, vivía en un mundo de oyentes, donde a lo que pasaba el tiempo se me dificultaba más oír, pero nunca desistí en seguir mis estudios. Tenía mi grupo de compañeritas con las que compartía los trabajos, exposiciones, juegos y demás. Me entendían, aunque algunas veces se acaloraban por tener que repetirme la misma pregunta o palabra más de 3 veces, jajajajajajajaja.

Terminé con buenas calificaciones, si lo vemos en forma general, por que si lo vemos por lapso tenía algunas notas muy bajas, sobre todo en matemáticas…

Pero esto de las matemáticas será historia para otro post…

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